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Historia - Riada 2007

por Guiomar Ramírez-Montesinos | www.xabiaaldia.es

El 12 de octubre, Día de la Hispanidad, permanecerá en la memoria de los vecinos de la Marina Alta durante mucho tiempo por culpa de las inundaciones producidas por las intensas lluvias caídas en el interior de la comarca y los desbordamientos del Gorgos y del Girona.

 

Recordando l'Aiguà del '57
Octubre empezó siendo un mes lluvioso, pero nada hacía presagiar la catástrofe que se avecinaba. Eso es, sin mencionar que en Xàbia se estaba rememorando la gran "Aiguà" del '57 que arrasó la villa, y que aún hoy sigue siendo récord de europeo de precipitaciones con 871 l/m2 caídos en 24 horas (y más de 1.000 l/m2 en 48 horas).

Hace 50 años Xàbia era un pobre pueblo agrícola que sólo recientemente comenzaba a levantar tímidamente la cabeza gracias al turismo y a los naranjos, y después de la crisis del comercio de la pasa. Las intensas lluvias caídas hace medio siglo arrasaron muchas de las casas más frágiles del pueblo y destrozaron numerosas infraestructuras públicas (alcantarillado, carreteras, etc.) recientemente creadas.

El Ayuntamiento, consciente de la importancia de recuperar la memoria histórica, había preparado una serie de actividades en torno al tema (ver más en página 20). El día 2 de octubre -aniversario de l'aiguà- se inauguraron la exposición de fotografías y un audiovisual en el Museo Soler Blasco. Además, se programaron tres charlas. La primera de ellas el jueves 4 -por el día ya cayó una intensa tromba de agua-, por el periodista Bernat Capó, quien relató de primera mano mucho de lo sucedido durante los primeros días de octubre del año 1957, e insistió en la importancia que tuvo entonces que los medios reflejaran bien el desastre para conseguir las ayudas estatales.

El día 8 el geógrafo Carles Ferrer explicó a un público fascinado que el verdadero problema de Xàbia no eran las "aiguàs", sino las "riuàs", ya que el río Gorgos puede sufrir grandes crecidas si los más de 150km de barrancos que lo alimentan reciben cuantiosas lluvias. Sus palabras fueron proféticas.

La última conferencia, celebrada el día 19, versó sobre la predicción meteorológica desde el '57 hasta la actualidad, y en ella Jorge Tamayo, director del Centro Meteorológico Territorial de Valencia, aprovechó las predicciones que se hicieron sobre la Riada del 2007 y sobre l'Aiguà del '57 para explicar que España está a la cabeza del mundo en cuanto a precisión en el pronóstico del tiempo.

 

El Gorgos crece y comienza a desbordarse
Tres días después de la charla del geógrafo, volvió a llover intensamente. Cerraron los colegios de Xàbia por la tarde, y esa noche no paró de llover con fuerza durante horas. A la mañana siguiente, no es que parara de llover del todo, pero la tregua que ofreció el tiempo resultaba engañosa. Así, mientras la Guardia Civil y autoridades políticas locales asistían a la misa en Honor a la Virgen del Pilar, el río Gorgos crecía paulatinamente.

Sobre las 12:30h los ojos del puente del Puerto dejaron de verse, y se mandó la orden de cerrar el paso de los vehículos -al mismo tiempo se cortó el paso por la carretera del Pla-. Pequeños regueritos de agua escupían sobre el asfalto inocentemente y, junto a la curiosa vista de la bravura del río, atraían a ciudadanos que, cámara en mano, grababan con asombro las turbulentas aguas marrones que hinchaban un mar de color chocolate con leche que regurgitaba indigestas cañas sobre la orilla.

Una hora después las fuerzas del orden tomaron la decisión de cortar también el puente de la Avenida Augusta, dejando el sur de Xàbia incomunicada del norte. Para llegar al otro lado, algunos optaron por dar una vuelta de más de 50km por Jesús Pobre, Gata, Teulada y Benitatxell.

A pesar de la alerta roja y de la crecida del río, la lluvia que no caía tan intensamente hacía pensar que el fenómeno sería pasajero. Pero desde el interior de la comarca empezaron a sucederse los avisos de que el río, que comienza en Castell de Castells, bajaba rápido y muy crecido.

Poco más de una hora después, en el Arenal, y en concreto en el Canal de la Fontana, empezaron a verse las primeras señales alarmantes: las embarcaciones se cogían con fuerza a sus amarres mientras el ángulo que formaban con el pantalán disminuía cada vez más. Pasadas las 15h se soltó una lancha. La parte inferior del casco era azul. Un hombre que limpiaba de cañas el lateral de su barco, consiguió retenerlo y amarrarlo.

El volumen del agua del canal seguía creciendo. Ya no pasaban las islitas de cañas, pero el agua corría más rápidamente. Se suelta otra barca. Era lógico pensar que algo menos de una decena acabarían en la playa del Arenal o en el fondo del canal. Eso suele ocurrir cuando hay temporal.

Pero nunca uno se podría imaginar que poco después la sucesión de embarcaciones sueltas no pararía. Una, otra, dos a la vez. Una se hunde, para a otras tres. Viene otra más y las golpea, haciendo que salgan despedidas. Empiezas a contar pero llega un momento que pierdes la cuenta.

Mientras, las aguas crecidas tapan los ojos del puente del canal, parando a las embarcaciones, aunque no por mucho tiempo. Se amontonan tres o cuatro y luego viene otra, las golpea, una se gira -colocándose boca a bajo o en vertical-, y el puente la chupa hacia el otro lado. Al salir de la bocana, la corriente las lleva directas a la playa. Aunque no a todas.

 

Un río de casi dos kilómetros de ancho
Para entonces, el río ya se había desbordado poco antes de la fábrica de cemento. Su fuerza era tal que llegó casi recto desde Gata, horadándose un nuevo cauce, tragándose bancales, llevándose por delante absolutamente a todo: árboles, coches, tuberías, asfalto, animales, plásticos, etc. Con unos cinco metros de altura, pasó por encima de la fábrica de cemento, inundó algunas casitas de campo -excepto la de un propietario que el día anterior tuvo la intuición de cavar un foso alrededor de su casa y agujerear el muro para permitir que el agua fluya a través-, y saltó por encima de la carretera a Benitatxell (entre las dos rotondas).

En ese punto, el río chocó con el agua que venía del Barranc de Lluca, y tras una breve pero intensa pugna, las aguas se dispersaron formando remolinos, pasando por encima de huertos y caminos. Si bien el margen norte del río contuvo relativamente bien el agua, por el sur el líquido elemento seguía una trayectoria oblicua, alcanzando la perrera municipal -todos los animales se salvaron- en dirección al Camping Naranjal.

El Camí les Sorts, el de Pou del Moro, pero especialmente los de Fontana, Barranc de Lluca, Pla d'En Roca y Moreres estaban totalmente inundados, aislando a las personas que entonces se encontraban en sus casitas, y que se vieron obligados a refugiarse sobre el techo hasta que uno de los cinco helicópteros que intervinieron en las labores de rescate en Xàbia pudieron izarlos en cestas y transportarlos a un lugar más seguro.

El Camí del Barranc de Lluca, con muros de más de tres metros a los lados, llevaba cuatro metro de agua, que destrozó bancales, arrasó huertos y mató a animales en su camino. El Camí del Riu era río. La casa fuerte que durante siglos hizo honor a su nombre, sucumbió irresistiblemente a la batida del agua, y el asfalto se levantó como los flecos de pintura bajo el grifo.

El Camping Jávea se encontró en medio de un río cuyo cauce ahora medía en ese punto unos dos kilómetros de ancho: esa es la distancia que separa a las dos zonas de acampada. En medio, todo río, por encima de los bancales, a través de muros y vallas, entre las casas, por los caminos, sobre la carretera del Pla -por donde circuló en el sentido hacia el Arenal, saltando a la zona del Avenida Augusta (desde la altura de Jávea Cars), y ya en diagonal, a través de las nuevas viviendas, inundado todos los garajes en seis manzanas (desde el canal y el cruce con la Avenida Fontana hasta casi Mercadona), cayendo con fuerza por la Fontana hacia el mar, donde se reunía con las aguas que bajaban por el Camí Moreres y la Avenida de la Fontana -hecha un torrente de un metro de profundidad, y donde también se anegaron todos los garajes-, para llegar al paseo, cubriendo bajo un metro de agua los primeros dos bloques de comercios, precipitándose a la arena y al mar.

En este punto era como si el caudal de la Fontana, que seguía escupiendo barcas al mar, tuviera unos 400 metros de ancho. Pero no era más porque décadas de hormigón taponaron las otras salidas del río. Así, fueron sepultadas bajo el agua, en parte del río y en parte de la lluvia, la Avenida París, la Avenida del Arenal, la Avenida de la Libertad, la Avenida Tamarits -¡mira que llamar avenidas a todas las carreteras del Arenal!-, la carretera del Pla a la altura del Barclay's. Por las demás calles el agua circulaba para llegar a las zonas más bajas, sin poder salir al mar.

 

Dos personas y un quad son arrastradas por las aguas del canal
La lluvia calmaba, el río y el canal por fin parecían bajar su caudal, el agua que entró por las calles desde el un canal de la Fontana que había crecido casi tres metros, ahora fluía al revés para mayor alivio de los que ya no queríamos ver más destrozos. Pero en ese momento, en el canal, se oyen gritos de personas en la orilla, pasa boca abajo un quad -sólo se ven cuatro ruedas-, hombres que intentan subir a las barcas medio hundidas... Intentan rescatar a dos que se habían caído al agua. El chico consigue salir antes del puente, pero la chica es engullida por éste y soltada al mar.

Todo el mundo corriendo y gritando, siguiendo la trayectoria de las ruedas del quad y del casco que asomaba apenas. El vehículo siguió la misma trayectoria que las embarcaciones, y la corriente lo trajo a la playa. El casco parecía ir por el mismo camino. Dos hombres se lanzan al mar, luchando contra la corriente a pesar de que les cubre poco, bomberos y efectivos de la Cruz Roja corren hacia la chica que yace inconsciente y azul sobre la arena.

No respira, no tiene pulso. Bisbal Rober, voluntario de la Cruz Roja, no reprime su instinto de intentar resucitarla a pesar de que los minutos pasan y no consigue reacción. Pero por fin respira. Tres minutos de masajes cardíacos y respiración asistida le devuelven a la vida. Los bomberos la transportan en camilla hacia la ambulancia. Dicen que se ha salvado.

Al parecer, la pareja se había saltado la orden de cruzar el río para intentar asegurar una barca en el canal. Como muchas, muchísimas personas, no se tomaron en serio el agua y arriesgaron innecesariamente sus vidas. La mayoría de éstas -niños sentados en el Pont del Llavador a punto de desbordarse, personas curioseando por la playa y acercándose peligrosamente al cauce, conductores que creen que en el coche están seguros, etc.- aún hoy no se han enterado del riesgo en el que pusieron sus vidas. La pareja del quad casi no lo cuenta.

Otras doscientas personas -la mayoría clientes de los campings- tuvieron que ser evacuadas. Unas 50, rescatadas con helicóptero. Policía Local, Cruz Roja, Protección Civil, Bomberos y Guardia Civil ubicaron el Centro de Emergencias, primero en un chiringuito del I Montañar, y luego en el Parador, desde donde los evacuados fueron realojados en diferentes hoteles de Xàbia y Gata.

 

52 embarcaciones amanecieron sobre la playa del Arenal
El día siguiente amaneció con un sol espléndido; hacía calor y las aguas mecían calmas. Como los caracoles, miles de personas salieron de sus casas para ver qué había pasado. El turismo del puente del Pilar fue sustituido por el turismo de catástrofes. Al fin y al cabo cuesta imaginar lo sucedido si sólo te lo cuentan. Ver para creer: 52 barcos -o lo que quedaba de ellos- salpicaban toda la orilla de la playa del Arenal, junto a cañizos y todo tipo de plásticos; en el canal de la Fontana, los que quedaban estaban amontonados, uno encima de otros, o sumergidos -otros simplemente desaparecidos-; un coche había sido trasladado por el agua desde la calle, hasta la acera de los amarres; garajes inundados hasta el techo; viviendas en bajos con los muebles echados a perder; la librería Biblos con 60cm de agua y lodo; tiendas del Arenal de ropa y de zapatos barriendo el agua fuera de sus locales; viveros patas arriba; restaurantes con todo el género y máquinas perdidas; casas cubiertas por el agua...

 

La Marina es declarada zona catastrófica
Ahora tocaba a contabilizar los daños y limpiar las ingentes cantidades de lodo, mientras las autoridades y políticos de todos los partidos se daban de tortas para demostrar su buena voluntad (que suerte tener elecciones en seis meses). A ver si las indemnizaciones son igual de rápidas.

Las inundaciones del 12 de octubre afectaron prácticamente a toda la Marina, siendo las poblaciones de Beniarbeig, El Verger, Els Poblets y Calpe las más afectadas, y motivo éste por el que la mayoría de los medios apenas mencionaron a Dénia y a Xàbia. Así, se da la circunstancia curiosa de que buena parte de la población de Xàbia no se ha enterado realmente de lo sucedido.

Pero es posible que ese desconocimiento forme parte de la idiosincrasia de una villa llena de rinconcitos, aislados unos de otros. Además, no hay costumbre de transmitir siquiera oralmente las tradiciones, y es más frecuente la reacción de no querer pensar en las desgracias ocurridas, que el deseo de querer hacerlas perdurar en el tiempo para que las generaciones futuras se beneficien del ejemplo.

Por eso mismo son muchos los que no saben nada sobre l'Aiguà del '57, aunque afortunadamente últimamente existe una corriente a favor de recuperar la memoria histórica local.

Siempre me pregunté por qué Xàbia estaba arriba en una colina. Y ahora creo que es porque el Gorgos "de tanto en tanto muestra sus escrituras", como dice el refrán, que sin embargo obvia que el río es titular de casi todo el Pla y el Arenal. Y es que la naturaleza no tiene la culpa de que el hombre haya construido en medio...

 

La gota fría se forma con aire caliente y húmedo que choca contra aire frío
Durante los días 11 y 12 de octubre la situación meteorológica de la Marina Alta vino marcada por un embolsamiento de aire frío en capas altas de la atmósfera -técnicamente denominada "depresión aislada en niveles altos"-, más conocida como "gota fría", según nos explica Paco Díaz, miembro de Meteorología de Tiempo Severo en España. Esta depresión adquirió una trayectoria de norte a sur (diferente a las habituales que se sitúan al suroeste peninsular), viajando paralela a la costa mediterránea, inestabilizando la atmósfera de una forma explosiva.

Al mismo tiempo, un extenso anticiclón se situaba al oeste de Europa, enviando vientos de levante con un gran recorrido marítimo, y por tanto muy húmedos. La temperatura de las aguas mediterráneas era bastante elevada, por lo que la energía térmica potencial que aportaba a los vientos de levante era bastante importante.

Así, las tormentas comenzaron a desarrollarse de manera explosiva, creando un potente núcleo. Esto se llama sistema convectivo de mesoescala: un sistema tormentoso de gran extensión y duración. Debido a la focalización de los vientos de levante y a la orografía del terreno -lleno de montes y montañas que fijan a las nubes-, el sistema quedó anclado entre la Marina e Ibiza, produciendo una persistente y torrencial lluvia que se prolongó durante horas.

En otras palabras. El anticiclón al oeste de Europa provoca que el aire entre desde levante, lo que supone que llega a la costa cargado de humedad. Esa agua además está caliente debido a las altas temperaturas del mar. Sobre tierra y a bastante altura hay una capa de aire muy frío. Cuando llega el aire húmedo y caliente, por convección sube hasta la capa de aire frío. Las bajas temperaturas vuelven pesadas las gotas de agua, generando nubes tormentosas de gran desarrollo vertical. El agua precipita en forma de mucha cantidad de grandes gotas de agua fría: "gota fría".

Pero la tormenta, en vez de pasar de largo, permanece estacionaria porque las montañas del terreno abrupto de la provincia hacen de anclas para las nubes. Consecuentemente, llueve fuerte durante horas.

 

El PATRICOVA advirtió por donde desbordaría el río
La lluvia que cae primero es absorbida por el terreno arcilloso y calizo hasta su punto de saturación. La absorción es favorecida por la vegetación, pero la progresiva urbanización del terreno resta de esta capacidad al deslizar el agua por encima del asfalto y el hormigón.

El agua cae colina abajo, buscando los barrancos, y estos llegan a los ríos, que a su vez la encauzan hacia el mar. Más de 180km de barrancos vienen a desaguar al Mediterráneo entre Xàbia y Dénia. En algunos casos, como el Beniarbeig y El Verger, la caña y la suciedad del río taponan los ojos de los puentes, provocando el desbordamiento de las aguas. Éste no fue el caso en Xàbia donde el Gorgos se desbordó antes de los puentes.

Ha habido polémica si las inundaciones han sido peores por culpa de las cañas o las edificaciones. La respuesta correcta quizá se acerque más a que si el hombre construye en zonas inundables y cerca de los ríos y barrancos, deberá hacerlo ateniéndose a las consecuencias e intentando minimizar los efectos negativos de una eventual catástrofe. Las cañas no habrían taponado el puente de Beniarbeig si éste no tuviera ojos (por ejemplo, si fuera suspendido).

Por otro lado, también hay que considerar que las cañas y las rocas del río, así como cualquier rugosidad, tienen el efecto de ralentizar el agua, lo que contribuye a minimizar los daños de una riada.

Según el PATRICOVA (Plan de Acción Territorial sobre la prevención de Riesgos de Inundación en la Comunidad Valenciana), sin cañas o con cañas, sin urbanizaciones o con ellas, el Gorgos tiene un riesgo de desbordamiento alto: con una frecuencia de entre 25 y 100 años y un calado de más de 0,08m en la zona de color rosa (ver figura), y con una frecuencia de entre 100 y 500 años y un calado mayor de 0,80m en la zona de color azul. Si se compara el plano de PATRICOVA con la figuración de la inundación que hemos realizado (ver figura), podemos observar que los dos planos son casi idénticos. (La zona azul clarito, que corresponde a la zona este del Saladar, tiene un riesgo de inundabilidad con una frecuencia menor de 25 años y un calado menor de 0,80m.)

Con la riada el Gorgos buscó su paleocauce -el antiguo cauce-, y bloqueada la salida al mar por las dunas fósiles (tosca) de los Monatañares -formadas en el cretácico-, vino a salir por la depresión tectónica de la placa continental que dio origen a la rada del Arenal.

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